-2:25 para el amanecer

cafecitoDurante un buen rato, Vanesa me destierra al gran salón del palacio, donde procuro matar la impaciencia observando el mural que Vela Zanetti[1] dedicó a Santo Domingo.

Afuera, en el balcón principal, la provocación se instala sobre tacones de aguja: Divina Labourdette, la doble de Iris Chacón y Miss Disco Free 1999 alteran famosas canciones del pop para nombrar agentes que maltratan homosexuales, pero, después, cuando se quitan el uniforme, duermen abrazados a sus hombres.

Si los francotiradores que nos apuntan desde el #hotelcondedepeñalba y el balcón sobre la #joyeríadicarlo preocuparon en algún momento a los consistoriales fue algo pasajero, pues ahora, además de improvisar bailes, el grupito de rebeldes anima a la multitud, que repite cada meneo por más que Bola de sebo amenace con «trancarlos a todos».

La venganza de las chicas trans es atroz, pero muy merecida, pues cada vez que pronuncian un nombre, o enumeran vejaciones cometidas por el cuerpo policial, los amotinados y los curiosos unen sus voces bajo el coro:

…«¡E’ pájaro[2]

 «Y Armandito el que patrulla»

 «¡E’ pájaro!»

 «Y el que va de guapo[3] por el Conde»

 «¡E’ pájaro!»

 «Y esos dos morenitos que están ahí»

 «¡TAMBIÉN SON PÁJAROS!»…

Camino hacia un balcón de la calle Meriño, y luego, mientras me hago espacio entre #gina y #lalo —una pareja de diseñadores humillados por teñirse el pelo—, vuelvo los ojos al parque y centro mi atención en la estatua de Colón, pues Jairo, Mijaíl y el Eddy han regresado al «puesto de observación» y teclean en sus respectivos aparatos porque tal vez piensan que llevo mi teléfono.

A decir verdad, viéndolos desde aquí arriba, me parecen unos pobres infelices. Un día finalmente apartarán la vista del celular, pero entonces descubrirán que están bajo su tumba.

En eso pienso cuando escucho a Vanesa detrás de mí: «Si nadie vio cómo entraste, es mejor que te vayas, Kike».

Giro la cabeza, Vanesa evita mirarme a los ojos y entonces Ivory se acerca con expresión triunfal.

«Ven acá, baboso, ¿tú no ibas a partirme la boca?», le digo, recordando nuestro pleito en Twitter, pero ella se interpone entre nosotros de inmediato: «¡Vete, Kike!».

Me cruzo de brazos: «Ivory solo está aquí para sacar provecho, Vanesa, depordió[4], abre los ojos, así es él».

Ivory suelta una carcajada: «¿Cuándo vas a superar que soy mejor músico que tú?».

«¡No mezcles las cosas!».

«Si Diva Negra me ofreció un contrato y ustedes tienen que pasear turistas para conseguir el dinero de su disco, no es mi problema, Kike, prueben con Youtube… o qué sé yo… aprendan solfeo».

Aprieto ambos puños, pero logro dominar a la bestia, a este monstruo que suspira por clavar los colmillos en su garganta: «No estoy aquí por ti, viejo».

Él rodea a Vanesa por los hombros: «Ah, ¿no? ¿Entonces por quién?».

Ella me mira sin pestañear, separa los labios, vacila, pero en vez de hablar, o mejor dicho, confesar la emoción que siente por mis palabras, se aparta bruscamente de Ivory y señala la escalera: «Ven, te acompaño».

Para alguien menos sensitivo, este gesto pasaría desapercibido, pero no es mi caso: Vanesa recrimina mi presencia en el palacio, pero, aunque no quiera admitirlo, se alegra de tenerme cerca.

«Vane…», ruego, avanzando tras ella.

«¡No, Kike! ¡Te tienes que ir!».

«Si me hubieras contado el plan, ¿de verdad crees que no te habría apoyado?».

«Ese no es el punto, Kike, es algo más serio: aquí todos tenemos razones para protestar y llegaremos hasta el final».

«Por eso, Vanesa, ¿y yo qué? También vivo en La Zona y sé cómo son las cosas».

Vanesa guarda silencio, así que aprovecho para hablarle con total sinceridad: «¿Cómo te pido perdón? En serio, dime… Hiciste una cosa muy valiente, pero también muy fuerte, Vanesa: acusaste a tu papá de ladrón…»

«¡Es un ladrón!».

«Y si no hacemos algo arrasará con La Zona, ya sé, pero por eso… por eso…»

«No gaguees…»

«Lo que quiero decir es que… Yo soy uno de ustedes, ¿me entiendes?… Quizá tardé demasiado en darme en cuenta, pero eso no importa en este momento… Ahora estoy aquí y no pienso moverme».

Lanzo a Vanesa una mirada intensa, la clase de mirada que Humphrey Bogart dedicaba a Ingrid Bergman para derretirla, y aquí en el Caribe, los tígueres hemos perfeccionado, pero antes de que haga efecto y ella remita mi falta con un beso, Ivory (¡maldición!) nos interrumpe: «Ven, Vanesa, vamos: Divina y sus mujeres ya acabaron».

Un silencio inesperado envuelve el palacio.

Por unos segundos, Vanesa me observa, confundida.

Ivory señala el termo que llevo en la mano: «¿Eso es café?… Ay, qué lindo, Kikecito, gracias, pero ya tenemos».

Y así, sin más, se aleja con ella hacia el balcón principal.

¿Cómo es posible que sea tan ciega? ¿Por qué no advierte su falsedad? ¿Por qué no entiende que Ivory es una versión joven de su propio padre?

Vanesa sujeta el megáfono y habla a la multitud: «¡Ya falta menos para el amanecer!».

Los amotinados chiflan, saltan y rompen a aplaudir.

En medio de la conmoción, me dirijo a uno de ellos: «¡Hey! Hazme el favor».

El muchacho se vuelve con rostro sudoriento: «¿Qué hay?».

Extiendo una mano: «Kike».

«#vantroy».

«Dime una cosa, Vantroy, ¿qué pasará exactamente cuando amanezca?».

Vantroy entrecierra los ojos, ligeramente sorprendido: «¿No recibiste el mensaje de Vanesa?».

Miento descaradamente: «Sí, claro, pero olvidé qué significa».

Vantroy otea la calle y, después, mientras responde, observa el edificio de #molinosdominicanos, cuyas sombras aún resisten el aleteo del alba: «Cuando salga el sol todos seremos Lina».

A continuación, corre hacia un balcón.

Su explicación del mensaje de Whatsapp que Vanesa envió para convocar a los amotinados es todavía más extraña que el mensaje mismo.

Lina era rebelde, vivía en La Zona y se había cansado de los abusos de autoridad al igual que ellos, así que, desde mi punto de vista, ya todos son Lina, a menos que…

La idea congela mis venas: Lina acabó sus días lanzándose desde el #edificiodíez y bajo ese matiz, las palabras de Vanesa adquieren un significado escalofriante:

«Aquí todos tenemos razones para protestar y llegaremos hasta el final»…

¿Cuál final? ¿Un suicidio colectivo?

Sonámbulos © Miguel Piccini

Entra a la cuenta de Instagram «SonámbulosRD» para que veas los lugares etiquetados en este capítulo y leas las explicaciones de Kike.

[1] Pintor y muralista exiliado de la Guerra Civil Española.

[2] Expresión despectiva usada por los policías y dominicanos en general para referirse a los homosexuales.

[3] Bravucón.

[4] De por Dios, por favor.

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